domingo, 5 de diciembre de 2010

TERCER CAPÍTULO : EN MI SOLEDAD

Hola, de nuevo : 



¿ Cómo estas ? . Espero que mejor que yo, aunque eso no es nada difícil hoy por hoy. Esta soledad absoluta me trae viejos recuerdos de mi niñez y adolescencia. Recuerdos que pasean por mi cabeza, en el silencio de la noche. Donde sólo tengo de compañía una botella de vino, una copa y un papel para seguir escribiendo cosas de mi vida. Recuerdos llenos de olores, rostros, sueños y esperanzas. El principio de un amor que siempre llevare en mi corazón, un amor puro y fiel. Un amor que desde pequeño siempre fue correspondido, que me enseño tantas y buenas cosas. Ese amor se llama Sevilla.



Abro la botella, sirvo la primera copa y aquí empieza mi carta. Hoy, estando en el supermercado comprando, me he llevado una gran sorpresa cuando por capricho del destino me he encontrado a un buen y querido primo. Luis, el hijo del hermano mayor de mi padre. Mientras le miraba pasaban por mi mente recuerdos maravillosos de mi niñez, adolescencia y juventud.
¿ Qué haces tú aquí ?, me pregunto con una sonrisa en la cara. Ya ves Luis, aquí llevo ocho años por culpa del trabajo. ¿ Y tú ?, ¿ cómo tú por aquí ?, le pregunte yo. Estoy aquí por una chica, bueno, en realidad ando por aquí y por Sevilla. Tan sólo llevo una semana. Me respondió él.

Cuando llegue a casa, me atacaron una serie de preguntas que se me atragantaban en la garganta : 

¿ Por qué estoy aquí ?.

¿ Por qué no he vuelto a mi tierra con mi familia ?.

¿ Qué me ata a esta tierra para no pedir el traslado y volver a mi querida Sevilla ?.

¿ Qué tenías cuando llegaste y que tienes ahora ?.


Cuatro preguntas como cuatro puñaladas que me atrabezaban las entrañas pidiendo una respuesta de inmediato. Respondí a todas como si de algo tenía que esconderme, excusándome de alguna manera porque realmente no tenía ni la más puñetera idea de si sólo estaba engañando a mi yo interior, ese que me ataca con tanta furia, o mi yo real, ese que no sabe ni que responder.
Lo que si tenía claro era el sentimiento de soledad que me había envuelto desde el mismo instante que cerré la puerta de mi casa. Una soledad como nunca había sentido. En mis cortos treinta y ocho años he sentido la soledad en muchas ocasiones, algunas estando acompañado con mi pareja de entonces, pero nunca una soledad tan rotunda como la que siento ahora.

Cojo la botella y sirvo la segunda copa. 


Empiezo a recordar :


la luz que a mi me alumbraba
vino el viento y la apago         
                    la luz que a mi me alumbraba
                    un mal viento la apago
                              y el calor que me daba
                    en nieve se convirtió
                             la luz que a mi me alumbraba
                   vino el viento y la apago
                             no cabe ni el desengaño
                  porque el desengaño soy yo
                           sembré la flor del romero

                           y el romero se seco

                          la luz que a mi me alumbraba

                          un mal viento la apago......................

                  

                                                     Fragmento de Canto a los Desengaños de Arcángel.


La melancolía me trae fragmentos de mi niñez. Un viaje a Granada con cinco años y un seiscientos con toda mi familia dentro. Tres hermanos, mis padres y yo. Un viaje eterno, un gran golpe de mi hermano a mi cabeza por accidente y una maravillosa sopa de picadillo con aromas de hierbabuena con la Alhambra de escenario.

Una excursión a Córdoba con el colegio. Maravillado con la inmensidad de su mezquita, olores a azahar en su primavera y seis años de edad que me acompañaban. Una ciudad llena de flores y colores. Ojos verdes por todas partes, mujeres de cabello negro como el azabache y belleza sin igual. Callejuelas estrechas llenas de historia, merienda compuesta por increíbles pasteles hechos de miel y canela. Un antiguo Califato que llegaba de Tanja a Larida en sus mejores tiempos, y hasta el mismísimo Abderraman I vino a despedirse de nuestra excursión.


La primera vez que me enamoré. Mi primer amor llamada Virginia con diez años de edad, la misma que tenía yo. Mirar su pelo castaño y sus ojos color de miel hacían florecer sentimientos nuevos para mi. El nerviosismo y la vergüenza se apoderaban de mi al verla pasar. Recuerdo que un día, mirando en un cofre donde mi madre guardaba algunas joyas, se me ocurrió la brillante idea de coger algo prestado para mi amada. Virginia, cuando me vio aparecer con un pendiente de oro de mi madre envuelto en un pequeño pañuelo, me abrazo con fuerza y mirándome a los ojos me dio un fuerte beso en la mejilla. ¡ Dios que me pasa !, mi corazón latía con furia, mi cara ardía de vergüenza, mis manos temblaban por los nervios. Y con una voz tan pequeña como lo eramos nosotros, me dijo al oído susurrante : " ya soy tú novia ".
Noviazgo que sólo duró un año, ya que vino un chico de Barcelona llamado Jordi y me la arrebato el muy villano. Pero que después, resulto ser un gran amigo y compañero de innumerables batallas.




Enciendo un cigarro y me sirvo la tercera copa de vino. 



Sigo recordando..............
                                 Una y una dos, que dos y una tres
                                           abre la ventana que la quiero ver
                                           una y una dos, que dos y una tres

                                           abre la ventana que la quiero ver
                                           a mi me han dicho que por primavera

                                           el alma la pierde por las callejuelas

                                           me han dicho que por primavera

                                           y el alma la pierde, por las callejuelas

                                           se emborracha con los azahares


                                          me han dicho que por primavera

                                         y el alma la pierde, por las callejuelas

                                         y si el aire la alborota los volantes de sus enaguas
                             
                                        y si el aire le alborota los volantes de sus enaguas

                                        vergonzosa, colorea sus mejillas, vergonzosa

                                       y si el aire le alborota  que por los volantes

                                       de sus enaguas
                                      yo traigo, para darte, pétalos de rosas blancas

                                      la luna y el firmamento

                                     mieles que no conoces, florecillas de lirio y romero

                                     dime si no las quieres, dime si ya las tienes

                                     que no me tengas en vilo, que así se muere

                                     que así se muere...................


                                                   Fragmento de la Bulería  Abre la Ventana  ( también de Arcángel )


 
Mis primeros amigos. Chicos de mi barrio, un barrio humilde de familias trabajadoras. Rafa, J.Carlos, Alfredo. Pero que el paso de los años nos ha ido colocando en lugares diferentes, y que el tiempo ha ido separando nuestras vidas.
J.Carlos, antes mencionado, me enseñó lo que era la Semana Santa de Sevilla. Conocía todos los rincones del casco antiguo de la ciudad, conocía todas las cofradias, el nombre de todas las Vírgenes y Cristos, por donde pasaban, donde verlos mejor, porque en esos sitios le tiraban pétalos de flores a las Vírgenes y le cantaban Saetas a los Cristos. 
Recuerdo una madrugada, la del Jueves Santo, viendo como entraba Jesús del Gran Poder en su iglesia. Eran las seis de la mañana, olía a azahar, jazmín, a la cera de los cirios derritiéndose, cirios que llevaban los nazaneros de la hermandad. Más de mil personas en esa Plaza de San Lorenzo, y sólo se oían el canto de los pajaros posados en los arboles, viendo de primera mano ese momento tan maravilloso. De repente, un hombre asomado a un balcón, empieza a cantar una Saeta con una voz tan majestuosa y tan llena de sentimiento, que sólo recordarlo me pone aún los bellos de punta. Nadie habla, un silencio lleno de respeto y devoción ocupa toda la plaza. El Cristo, subido en el paso, parece que va andando sólo hacía el templo, viendo como toda esa gente lo mira con lágrimas en los ojos, sabiendo que hasta el año siguiente nadie podrá verlo andar por sus calles.



Cuarta copa de vino, el cenicero lleno de colillas. Y me viene otra canción a la mente :



                                Se meneaban cuando yo paso

                                las barandillas del puente

                                se menean cuando yo paso

                                a ti solita te quiero 

                               y tú me ves y no me haces caso

                               las barandillas del puente

                               se meneaban cuando yo paso

                               metas con mi padre, no te

                               metas con mi padre

                               mi padre es un pobre viejo

                               y no se mete con nadie

                              mi padre es un pobre viejo 

                              que  no se mete con nadie

                              mentiras llevan los aires

                             el aire lleva mentiras

                            y el que diga que no miente

                            que diga que no respira

                            y el que diga que no miente

                           que diga que no respira






                                                Fragmento de la Solea " Los Aires llevan Mentiras "  (Arcángel)




 Ya no me queda más vino, ya no me quedan más ganas de escribir, sólo me quedo con mis recuerdos en este remoto piso, de este remoto pueblo.Por hoy  ya esta bien. Espero en la próxima carta, poder estar menos ebrio y más alegre.  



                                         Cuantas veces dije te quiero
                                         cuantos labios pude besar

                                         cuantas lágrimas se derramaron

                                         y no contigo poder quedar


 

                                                           M . León 






           Un cordial saludo





P . D :  Algún día te mandare todas las poesías que tengo escritas.



2 comentarios:

La pequeña Meg dijo...

Realmente precioso este post. Yo estoy enamorá de mi tierra, y me gustan otros muchos lugares, pero estoy apegada a ella y a mi familia, me costaría la misma vida alejarme, y a veces no queda más remedio...
Un abrazo!

El guardian del Faro dijo...

He visto eso...y a fé mía ¡que ese Cristo anda!.
Sobrecogedor. Iría todas las madrugás sólo por verle pasar.

Besos.